jueves, 31 de mayo de 2007

Un recorrido por la Roma más desconocida

En mi familia siempre ha existido una enorme afición por viajar y conocer culturas diferentes a la nuestra. Juntos hemos visitado países eminentemente turísticos pero también lugares muy alejados de los tradicionales circuitos o tours que proponen las agencias de viajes. Tal es el caso de Albania o Nicaragua.Nuestra última escapada no fue a un destino precisamente desconocido. Visitar Italia, y especialmente Roma, su capital, aunque sea una vez en la vida, es casi una obligación para todo amante de los viajes; Roma es, con toda probabilidad, la privilegiada celadora del más impresionante patrimonio cultural que vieron los siglos. Cada época ha dejado su particular impronta y no hay rincón de la ciudad que no albergue un testimonio del pasado digno de verse.Nos alojamos en el Hotel Caravel, un establecimiento de tres estrellas situado en la larguísima Avenida Cristoforo Colombo, que une el aeropuerto de Fiumicino con las célebres Termas de Caracalla recorriendo un total de 25 kilómetros.Un autobús te lleva directamente desde el hotel hasta Piazza Venecia, donde se puede contemplar el enorme monumento de color blanco dedicado al rey Víctor Manuel, más conocido por los romanos como “La tarta nupcial” o “la maquina de escribir” (dos de los múltiples apodos despectivos que recibe este impopular gigante blanco). Lo cierto es que el monumento desentona con los tonos más ocres de los edificios circundantes. Muy próximo a él se encuentra el Foro y el Capitolio, dos de los principales reclamos turísticos de la capital italiana. Es una lástima que el Foro (exceptuando los magníficos arcos de Septimio Severo y Constantino) no sea, actualmente, más que una confusa colección de templos y basílicas en ruinas. Por la Via Sacra, ruta que seguían a través del Foro las procesiones religiosas y triunfales en dirección al Capitolio, se accede al Coliseo, probablemente el monumento más característico de la Roma imperial. Un edificio, que a pesar de los daños producidos por el paso del tiempo, sigue siendo majestuoso.Era la tercera vez que viajábamos a Roma, por lo que nos centraríamos en aquellas visitas más desconocidas para el gran público. Ningún turista debería perderse sus grandes atractivos: el Foro, Los Museos Capitolinos, El Coliseo, Los Museos Vaticanos y La Capilla Sixtina, La Fontana de Trevi, La Piazza Navona, El Panteón, La Piazza de Spagna o San Pedro. Pero Roma también guarda verdaderos tesoros detrás de esos lugares recomendados por las agencias de viajes. Por ejemplo, La Galería Doria Phamphili alberga el famoso retrato del Papa Inocencio X pintado por Velázquez, unánimemente considerado como uno de los mejores en la historia del arte.Aunque queda muy lejos del centro de la ciudad, también merece la pena realizar una visita a Villa Giulia, sede del Museo Etrusco, que cuenta con una magnífica colección de antigüedades prerromanas procedentes de toda Italia y donde podremos admirar el delicioso Sarcófago de los esposos.Al noreste, en la Vía Nomentana, encontramos dos de los mejores ejemplos de iglesias paleocristianas de Roma: Santa Constanza y San’t Agnese Fuori le Mura. Aunque ha sido alterada a lo largo de los siglos, la mayor parte de las estructuras originales (que datan del siglo V) de ambas basílicas permanecen intactas. Además cuenta con destacados mosaicos en sus interiores.Más al sur y cerca de Ciampino, el segundo aeropuerto en importancia de la ciudad, se halla la Vía Appia Antica. Fue la ruta de las procesiones funerarias de dictadores y emperadores y en ella también se dan cita algunas de las catacumbas más importantes como las de Calixto y San Sebastián. Entre otros lugares cristianos de interés, se encuentra la iglesia de Domine Quo Vadis, levantada donde se dice que San Pedro se encontró con Cristo cuando huía de Roma.Por último, Tívoli, a 30 kilómetros al noreste de Roma, es un buen lugar para escapar del bullicio turístico que se concentra en la capital. En este pueblo del Lacio se emplaza Villa Adriana (la residencia de verano del emperador Adriano), un excepcional museo al aire libre y uno de los mejores ejemplos arquitectónicos del mundo romano.En ella, Adriano se evadía de sus deberes como gobernante para entregarse a sus pasatiempos favoritos, la pintura y la arquitectura. Asimismo, el emperador era un gran amante de la filosofía griega y se cree que parte de los jardines de la villa reproducían el de Academe, donde Platón solía pasear con sus discípulos.Prometo regresar y contar nuevas experiencias en la Ciudad Eterna.